- ¿Sabes qué es lo bueno de por aquí?
- ¿Qué?
- Que no venden de esos nescafés a los que somos adictos.
Caminábamos rumbo a ninguna parte, mi niño y yo hablando de café, porque hacía frío y bueno, es...café. Aclarando mi garganta seguí con mi discurso filosófico diciendo:
- ¿Y lo malo? Que no venden de esos nescafés a los que somos adictos.
- ¡Pero si venden! ¡El otro día descubrí donde!
Dos pasos y un vaso de café en el piso aplastado más tarde...
- ¡Efectivamente! ¡Venden por aquí!
- ...
- Eso fue como casi detectivesco, así como "¡Evidente! Mi querido pololo"
- Está como para post en papel de dulce.
- Sí, de hecho.